5 oct 2015

Aprendiendo a educar en todos los ámbitos

Después de algún tiempo lejos de las aulas estoy de nuevo en ellas, aprendiendo otra vez. Realmente nunca se dejan de aprender cosas nuevas porque el día a día siempre te va enseñando, pero aprender en un curso propiamente dicho hacia tiempo.

Debido al tiempo del que disponemos y a la concentración de materia el curso va muy rápido, sin embargo esta semana me ha rondado varias veces el mismo pensamiento y es que, en ciertos aspectos, convertirte en profesor es parecido a ser padre.

Todos los conceptos que tratamos en las distintas asignaturas giran en torno a la adolescencia, que es la edad que van a tener en la mayoría de los casos nuestros futuros alumnos, sin embargo para mi es inevitable relacionar muchas de las cosas que vemos con mis hijos, aunque a ellos les faltan muchos años para ser adolescentes.

A pesar de la diferencia de edades hay situaciones que aunque parezca que no tocan ya se presentan, como es el mal genio, enfados por todo, "es que esto no me lo quiero poner que no me gusta", "¿me puedo pintar los labios?, ¿y los ojos?"... no quiero ni imaginar lo que me espera. 

Tener hijos es uno de los momentos más bonitos que se tienen en la vida, sin embargo desde el primer instante en el que te ponen a tu bebé en brazos tu vida cambia. Y no solo me refiero al hecho de que no vayas a dormir, de que tengas que cambiar pañales, dar biberones, etc., si no por el hecho de que en ese instante tienes a otro ser humano a tu cargo, a otra personita que vas a tener que proteger, cuidar y educar.

Nadie te prepara para ser padre. Te pueden contar, tratar de explicar, te pueden indicar que cosas necesitan los bebés o te pueden preparar para el momento del parto, pero no hay clase que te prepare para ello.

En ese sentido, y gracias a este Master, a nosotros sí se nos prepara para ser docentes. Nos enseñan a entender a los alumnos, tanto física como psicológicamente, nos enseñan conceptos, nos indican pautas, ejercicios, incluso trucos y todo ello para poder calar en los alumnos, conseguir enseñarles y que nos den todo lo posible de ellos mismos. Todo esto supone afrontar la docencia con una mayor seguridad y tranquilidad, sin olvidar que la experiencia, algo que ahora mismo la mayoría de nosotros no tenemos, también no ayudará en este proceso.

Al igual que siendo padres, siendo docentes tendremos la responsabilidad de educar, de trasmitir unos conocimientos, pero también de hacer crecer a esos alumnos para conseguir que se conviertan en unas personas adultas de provecho, ayudando a que consigan lo que se propongan.

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